Saturday, February 25, 2012

la iglesia de san martín






La imagen de la muerte vaga misteriosamente en nuestro derredor. La vemos misteriosa, , limpia, concreta, despojada de terrores, a lo largo de la escalera de nuestro ultimo baluarte. La dibuja claramente, a pesar de la oscuridad, una pareja de hombres que, sentados en un rellano, muy juntos, parecen dialogar en secreto. Es un cura de falange, y un soldado en confesión; aquel con un crucifijo en la mano, éste ha dejado el fusil recostado en la pared. A poco, el soldado besa el crucifijo y se aleja, y otro defensor de Belchite ocupa su lugar; y hay “cola” de penitentes en la espera de la absolución…¿cuál será el estado moral de ese sacerdote que se halla en idéntico peligro de muerte que aquel a quien confiesa? Solo el poder divino puede otorgarle la serenidad necesaria para cumplir en estos momentos su sagrado ministerio. Es tan hipotética nuestra liberación, y es tan posible la muerte de todos, que ese sacerdote no puede sentirse, como otras veces, mortalmente distanciado del ser que tiene abrazado en trance de morir. Esas veces que, en urgentes llamadas nocturnas, iba a despedirle consolador marcándole el camino del Cielo, para luego volverse a él a continuar su ministerio en la tierra. Ahora habrá de preguntarse, quizá sin alarma, quién de los dos será el que antes llegue a la otra vida, si a los dos tiene la muerte abrazados…

Emilio Oliver Ortiz, Emociones de un sitiado (Belchite Regina Martyrum)

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